Alcohol y cocaína: El cóctel letal.

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Alcohol y cocaína: El cóctel letal.

El rigor profesional, la presión del entorno, la paranoia por la perfección, la inadmisión de errores, el temor al fracaso, la ambición por ser el mejor, por ganar dinero y por superar cada día los estándares de vida son, entre otras cosas, algunas de las muchas obsesiones que llevan a un profesional adentrarse en el mundo de las drogas.

De algún modo, el rendimiento profesional se ha convertido en materia de culto y parece haberse transformado en ley eso de que “hay que estar al 100% sea como sea y cueste lo que cueste”. Esta consigna, con todo su absurdo incluido, se ha dispuesto como una muletilla entre empresarios y profesionales, quienes recurren cada vez más a diferentes combinaciones alternativas de estimulantes y relajantes. Obviamente, quien se lleva la peor parte es la salud, sin mencionar a quienes rodean a los consumidores que también padecen esas incoherencias anímicas constantes.

No tienes límites. Todo en tu vida son excesos.

Efectivamente, la mayoría de los profesionales adictos reconocen en casi todos los eventos un buen motivo para complementarlo con drogas (de hecho, les resulta imposible concebirlo de otra manera): el festejo por una buena negociación, el cierre de exitoso de un caso, el contacto con nuevos clientes, todo merece festejos -alcohol sin límites-; y digo sin límites porque cuando la cantidad ingerida de alcohol alerta un posible estado de ebriedad, recurren a la cocaína para neutralizar (bajar el efecto/disimular), pues “ella” hará lo suyo y todo podrá volver a comenzar derribando todos los límites coherentes de cualquier celebración.

¿Y qué crees (o sabes) qué ocurre después de una noche de resaca (por mezclas varias)?

Como adicto a la cocaína, dejarás que ella vuelva a actuar por ti, ya que necesitas estar al 100% para encarar una reunión, para estar lo suficientemente lúcido en la argumentación, o para proceder a análisis minuciosos sobre cualquier tema. Si te pasas, un poco de alcohol sabrá como “reacomodarte” a lo que para ti se ha vuelto tu normalidad.

Probablemente por esos efectos antagónicos, el alcohol es la sustancia con que más se mezcla la cocaína: la cocaína es estimulante y el alcohol es depresor del sistema nervioso. Si bien nunca está demás mencionar que el consumo de cualquiera de ellas por separado es altamente nocivo para cualquiera, cuando estas sustancias se consumen simultáneamente, se multiplica el consumo de ambas y provoca en los adictos un verdadero tsunami a nivel físico y psicológico que puede llevar a los consumidores a un punto sin retorno.

El alcohol y la cocaína:

La cocaína es una droga que genera más dependencia psicológica que física. El alcohol, en cambio, genera más dependencia física que psicológica.

Así ocurre que, se va adquiriendo tolerancia, tanto el estado mental como el físico, siempre pedirán más. Curiosamente, la combinación de alcohol y cocaína en el hígado provoca la aparición de una tercera sustancia, el cocaetanol, que incrementa la toxicidad, potencia los efectos de la cocaína y aumenta severamente el riesgo de padecer trastornos de tipo depresivo o muerte súbita.

Por supuesto, sin mencionar que el envío de esta constante de órdenes opuestas -de éxtasis y relajación- al cuerpo y a la mente, pueden hacer colapsar el corazón y dañar severamente el sistema nervioso.

El autoengaño y el engaño social.

Entre los adictos a estas sustancias, suelen sobrevolar varios mitos. Entre ellos, están quienes afirman que la cocaína aumenta el placer en las relaciones sexuales, aunque lo más probable es que lo que ocurra sea un problema de disfunción eréctil. Otros aseguran que “la coca” define un status social importante, pues para adquirirla se requiere importante nivel adquisitivo -ridículo-. Creer que se consigue un prestigio social a través del consumo de cocaína es, básicamente, un absurdo. Lo único que se consigue es la compasión del entorno y, con suerte, la de uno mismo.

Están por otra parte, quienes creen que por limitar estas mezclas explosivas únicamente a las fiestas y a los fines de semana, están exentos de la adicción. Nada más lejos. Las adicciones empiezan un día y siguen, independientemente de la frecuencia y las cantidades.

Es posible el retorno con la ayuda de profesionales idóneos.

No importa cuánto hace que comenzaste, ni cuál es tu promedio de consumo, ni cuántas veces te has sabido complicado física o psicológicamente. Lo más importante de todo es tomar la decisión y encontrar el retorno pidiendo la ayuda de expertos que acompañen el proceso y te brinden el apoyo y la asistencia que requiera tu caso en particular.

  • DESINTOXICACIÓN: porque tu cuerpo -y sobre todo tu mente-, lo necesitan.
  • DESHABITUACIÓN: así como un día el consumo de estas sustancias se volvió hábito en tu vida, ahora es necesario erradicarlos completamente.
  • REHABILITACIÓN: descubrir lo saludable que es la vida, cuando no atentas contra ella todo el tiempo y además desarrollas hábitos saludables.
  • REINSERCIÓN: prudente y necesaria, para recuperar las riendas de tu vida.

Manel Colomer, director del Centro de desintoxicación sinconsumir, ha establecido distintos tipos de asistencia para responder a las necesidades concretas de recuperación que requiera cada caso. Entre ellas:

  • Tratamiento integral de Terapia Cognitiva
    para promover el cambio conductual y emocional.
  • Apoyo al paciente en tratamiento 24 horas, 365 días.
  • Terapias individuales para pacientes, familiares y parejas.
  • Terapias de grupo para pacientes, veteranos, familiares y parejas.
  • Terapias de motivación para el cambio.
  • Sesiones de Arteterapia.

Abandonar las adicciones sólo tiene efectos positivos en el adicto y en sus entornos. Recuperarás tu concentración, tu humor, tu capacidad y tu rendimiento, naturalmente. 

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