El consumo social de alcohol y cocaína.

alcohol y cocaina

El consumo social de alcohol y cocaína.

La adicción a las drogas, concretamente al alcohol y a la cocaína, se perpetúa. Esa es la conclusión que destaca Proyecto Hombre Cataluña después de analizar los resultados preliminares del último año. La organización atendió en 2016 a 2.200 personas, un 20% más que el año anterior. No obstante, el perfil de usuario ha envejecido (personas de 60 o 70 años), que además de la gran problemática de la adicción, un tercio de ellas están en riesgo de exclusión social. Otra conclusión alarmante es que la edad de inicio de consumo de alcohol entre los 200 jóvenes atendidos durante 2016, es de 13,6 años.

El consumo de sustancias y las adicciones son un tema alarmante en nuestra sociedad, porque no supone un foco de desarrollo exclusivo de un sector social, generacional, económico o cultural. El consumo de drogas afecta a toda la sociedad en su conjunto. Por “suerte”, más allá de lo preocupante que puedan resultar los datos, hemos comenzado a medirlos, pues siempre el primer paso para intentar solucionar un problema es reconocerlo.

En general, o mejor dicho, en muchos casos, el uso de drogas corresponde a un afán de huir de la realidad; actúan como una vía de escape, como un alivio temporal a los problemas personales, familiares, y/o como una pócima ilusoria para resolver el vacío existencial. Sin embargo, existen comienzos más livianos que no tienen ese componente de “escape y/o alivio”. Hablo del consumo social, de esa salida de fin de semana o de esa noche de fiesta en la que tantos deciden que es una estupenda idea experimentar el cóctel de alcohol y cocaína. Total, piensa la gran mayoría: ¿qué podría pasar por consumir sólo en las noches de fiesta?

Y así es como una cosa lleva a la otra y el alcohol es una gran puerta de entrada, un gran anfitrión que invita a consumir otras drogas. En este sentido, el Observatorio Español de Drogas y Toxicomanías, publica en el informe 2016 que el alcohol está presente al menos en el 95% de los policonsumos y el cannabis en cerca del 60%. El consumo de bebidas alcohólicas, sobre todo si se hace de forma intensiva (borracheras o atracón), se asocia con una mayor prevalencia de consumo de otras sustancias.

¿Por qué este cóctel en particular -alcohol y cocaína- resulta tan popular?

Veamos. Algunas (muchas) personas tienen la falsa creencia de que la cocaína puede evitar algunos de los efectos indeseables del alcohol (y viceversa). Tal vez la confusión aparece por el efecto diferente que tiene una y otra sobre el sistema nervioso; la cocaína es un estimulante, mientras que el alcohol es un depresor. No obstante, la mezcla de ambas en el organismo produce cocaetileno, un metabolito tóxico para el hígado que posee efectos devastadores para el organismo y que aumenta el riesgo de muerte repentina.

Al final, esta falsa sensación de control que provoca el consumo de estas sustancias conlleva un uso indiscriminado de ambas, lo que aumenta notablemente los riesgos sobre la salud, pudiendo provocar arritmias, hipertensión, infartos de miocardio y derrames cerebrales. También tienen acción convulsionante y provoca la destrucción de las células hepáticas.

Y como no podía ser de otra forma, más allá de todo ese daño físico, este policonsumo tiene un impacto cruelmente destructor en los diferentes ámbitos de la vida de las personas: sexual, emocional, económico, familiar, social y profesional. Es que tarde o temprano, antes o después, lo que empezó “ingenuamente” en una noche de fiesta con amigos, se expande; gana territorios, acaba con los afectos, con la intimidad, con las finanzas y con los trabajos. Destruye relaciones y vidas.

Por todo ello, en ese reconocimiento que mencionábamos párrafos antes, no nos referíamos únicamente a la toma de conciencia masiva de una problemática social; también hacemos hincapié en la importancia de identificar esa misma problemática dentro de células más pequeñas, como las familias o los amigos. La prevención es importante, es fundamental tanto a nivel macro como a nivel micro; no obstante, cuando el problema ya es un hecho, un tratamiento a tiempo resulta crucial para la recuperación de un adicto.

Hay retorno. Se puede salir.

Lo necesario, tal vez la actitud que prima en la recuperación, es que el adicto realmente así lo desee. La voluntad del entorno podrá llevarlo hasta allí y podrá vivir el proceso de cerca, acompañando, pero no se recuperará por el paciente. Así nos lo asevera Manel Colomer, que además nos señala los cuatro pasos necesarios para una buena recuperación:

  • Desintoxicación: cuerpo y mente.
  • Deshabituación: erradicar los hábitos de consumo (directos e indirectos).
  • Rehabilitación: descubrir lo saludable que es la vida, cuando no atentas contra ella todo el tiempo y además desarrollas hábitos saludables.
  • Reinserción: prudente y necesaria, para recuperar las riendas de tu vida.

En cuanto al tratamiento y el apoyo que presta el Centro Sinconsumir, podemos mencionar:

  • Tratamiento integral de terapia cognitiva para promover el cambio conductual y emocional.
  • Apoyo al paciente en tratamiento 24 horas, 365 días.
  • Terapias individuales para pacientes, familiares y parejas.
  • Terapias de grupo para pacientes, veteranos, familiares y parejas.
  • Terapias de motivación para el cambio.
  • Sesiones de arteterapia.
  • Actividades terapéuticas.

 

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