Vive lo único positivo del cannabis: ¡dejarlo!

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El único lado positivo del cannabis es dejarlo.

España se mantiene, junto con Reino Unido y Francia, como líder de la UE en consumo de cocaína y cannabis entre los jóvenes, según el informe anual del Observatorio Europeo de las Drogas. El cannabis es la droga ilegal más consumida en todos los grupos de edad. Nuestro país ocupa el cuarto puesto de la clasificación, sólo superada por República Checa, Dinamarca y Francia.

La marihuana, también conocida por sus siglas, THC; y también las voces populares como hachís, hash, maría, peta, porro, canuto, hierba, chocolate y otros. A pesar de ser ilegal, en el mundo su consumo se incrementó en el último año hasta llegar a 162 millones de personas, casi el cuarto por ciento de la población total y tres veces más que el conjunto de todas las otras sustancias con riesgo de causar adicción.

Y me pregunto entonces ¿qué la hace tan popular entre los jóvenes y los no tan jóvenes? ¿Por qué muchos minimizan sus efectos y la consumen restándole importancia a las consecuencias?

La marihuana es una droga psicoactiva, alteradora de la consciencia. Cuando se fuma el THC pasa rápidamente de los pulmones al torrente sanguíneo, que lo transporta al cerebro y a otros órganos del cuerpo, actuando sobre sitios específicos en el cerebro llamados receptores de cannabinoides y disparando una serie de reacciones celulares que finalmente terminan en el “high” o euforia que algunos consumidores experimentan durante el consumo. Físicamente sus efectos son despreciables, aunque lo veremos más adelante.

He recopilado algunas impresiones de consumidores, sobre lo que provoca un “colocón” de cannabis:

  • Especial interés por estímulos visuales, auditivos o gustativos que de otra manera serían ordinarios.
  • Alucinaciones moderadas o importantes. Confusión.
  • Ausencia de concentración y de la memoria a corto plazo.
  • Sensación estar flotando, mareos, vértigo, y/o pesadez en el tronco y las extremidades.
  • Hiperactividad, impaciencia y locuacidad durante un par de horas, seguida por somnolencia y/o apatía posterior.
  • “Dilatación temporal”. Una tendencia a sobrestimar el tiempo transcurrido.
  • Disminución del entendimiento y la coordinación. Dificultad para coordinar el pensamiento y la palabra.

Pero si todo esto sucede con un colocón…

¿Qué ocurre entonces con aquellos consumidores habituales o adictos?

Disminución del funcionamiento intelectual.

Cómo hemos visto, la mayoría de los receptores de cannabinoides se encuentran en zonas del cerebro; todas relacionadas con el placer, la memoria, el pensamiento, la concentración, la percepción sensorial, del tiempo y la coordinación de movimientos. Es así, que, el consumo frecuente o la adicción, causa problemas constantes para pensar y solucionar problemas (incluso sencillos), distorsiona las percepciones, afecta la memoria y la capacidad de aprendizaje.

Apatía.

Amotivación es un estado de pasividad e indiferencia, caracterizado por disfunción generalizada de las capacidades cognitivas, interpersonales y sociales. Los adictos se vuelven apáticos, sin energía, sin interés, suelen ganar peso y parecen extremadamente perezosos. Faltos de ganas para hacer cualquier actividad prolongada que requiera atención. La mayoría, tienen pobre desempeño escolar y laboral, ya que suelen presentar dificultades para el estudio y aprendizaje.

Alteraciones en la conducta.

Algunos datos sugieren que el alto consumo de cannabis tiene efectos adversos en la formación familiar, en las relaciones personales y en los ámbitos profesionales; sobre todo en este último, suele ser común el absentismo, los accidentes y la disminución del rendimiento, a la productividad, la motivación y el compromiso. Es habitual además, detectar estados de notable irritabilidad, insomnio, ansiedad, y un deseo descontrolado por consumir.

Deterioro físico.

Corazón. Poco después de fumar marihuana, la frecuencia cardiaca aumenta entre un 20% y un 100%. Este efecto puede durar hasta 3 horas. En un estudio, se calculó que el riesgo de tener un ataque al corazón es de 4.8 veces mayor durante la primera hora después de haber fumado.

Pulmones. El humo de la marihuana contiene entre un 50% y un 70% más de carcinógenos que el humo del tabaco. El fumador habitual inhala más profundamente y sostienen su respiración por más tiempo, lo que aumenta aún más la exposición pulmonar al humo carcinógeno.

Y por si todo esto fuera, pareciera, o resultara poco, además se considera puente para otras sustancias. El adicto desarrolla gradualmente una disminución del interés por actividades saludables. Siente que los estudios, el trabajo, la familia, el ocio saludable y sus amigos sanos no le conforman. Sólo el consumo alivia esa sensación. Poco a poco, su círculo de relaciones va quedando limitado a sus “colegas” de consumo. Para paliar esos vacíos, el adicto va aumentando el consumo e incorpora otras sustancias como el alcohol, las anfetaminas, el éxtasis o la cocaína.

Es cierto que nadie desea para su vida, cosas tan nocivas como las que hemos mencionado. Sin embargo, al igual que otras adicciones, existen quienes comenzaron a consumirla por diversión, por invitación, por provocación o por tan distintas y diversas cuestiones. Nadie está aquí para juzgar a nadie. Simplemente, para proponer una salida al adicto, que sea coherente, respetuosa y profesional.

Vive lo único positivo del cannabis: ¡déjalo!

El abandono definitivo del consumo es difícil, fundamentalmente, porque el cannabis se acumula en los tejidos grasos del cuerpo y tarda unos 30 días en ser eliminado del organismo. El adicto puede estar varios días sin consumir porque el THC se ha almacenado en el cerebro y la grasa corporal. Esto le hace creer erróneamente que “controla” cuando en realidad, es exactamente al revés.

Todo ello, hace que en la mayoría de los casos este proceso requiera ayuda profesional.

Así lo asegura Manel Colomer, director del Centro de Desintoxicación sinconsumir, quien acompaña a las personas en el proceso de recuperación, brindando el apoyo y la asistencia que requiera cada caso en particular durante el proceso en las 4 etapas fundamentales de la recuperación: Desintoxicación. Deshabituación. Rehabilitación. Reinserción.

A su vez, ha establecido distintos tipos de asistencia para responder a las necesidades concretas de recuperación de cada adicto. Entre ellas:

  • Tratamiento integral de terapia cognitiva para promover el cambio conductual y emocional.
  • Apoyo al paciente en tratamiento 24 horas, 365 días.
  • Terapias individuales para pacientes, familiares y parejas.
  • Terapias de grupo para pacientes, veteranos, familiares y parejas.
  • Terapias de motivación para el cambio.
  • Sesiones de arteterapia.
  • Talleres terapéuticos.

La adicción es la enfermedad del autoengaño y el cannabis es la sustancia con la que el adicto vive más engañado. Abre los ojos.

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